Historia

En el siglo X, época en la que aparece documentado por primera vez el nombre de Praga, existía el castillo-residencia de los Premyslidas en la margen izquierda del río Moldava, mientras que en la orilla opuesta se desarrolló una importante colonia mercantil. También en ese siglo la ciudad se constituyó en sede episcopal y, durante casi 80 años, fue residencia de los soberanos de Bohemia. En 1253, Venceslao I reunió todos los burgos de la margen derecha, ciñó de murallas su recinto y elevó el conjunto a la categoría de ciudad, una ciudad poblada casi exclusivamente por alemanes y que se rigió por las instituciones de Nuremberg. Se formó así la llamada ‘Ciudad Vieja’ de Praga. En 1257 Otakar II mandó formar otra ciudad con los burgos de la orilla izquierda, regida a su vez por el Derecho de Magdeburgo. Fue la segunda ciudad de Praga y en 1338 recibió el privilegio de formarse en comuna.

Praga alcanzó el momento más brillante de su historia en la época del emperador Carlos IV de Luxemburgo (1346-1378), cuando se convirtió en la capital del imperio y se elevó a sede arzobispal. En estos años se fundó la universidad (1348), hogar del nacionalismo checo, y se construyó la ‘Ciudad Nueva’ de Praga. Sin embargo, la colonización germánica alcanzó su punto culminante al final de la Edad Media, cuando los alemanes formaban los cuadros del patriciado burgués y de la alta jerarquía eclesiástica. Se habían barrido todos los brotes de la cultura autóctona e incluso las cátedras de la universidad eran ocupadas por maestros de origen germánico. La reacción nacional no se hizo esperar y, junto a factores de origen social y religioso, configuró las llamadas guerras husitas. Los cruzados enviados por el pontífice Martín V fueron rechazados por los husitas ante los mismos muros de Praga en 1420.

En la época de Luis II de Hungría, las ciudades vieja y nueva se unieron en una sola comunidad, pero con la llegada de los Habsburgo en 1526 se inició la decadencia de Praga. Fernando I abolió la unión de las dos ciudades y la capital del Imperio se trasladó a Viena. Con Fernando II (1617-1637) una nueva ola de germanismo provocó la gran rebelión conocida como la ‘defenestración de Praga’ (1618); derrotados los checos en la Montaña Blanca (1620), la ciudad entró en un nuevo período de decadencia. Se calcula que entre 1627 y 1630 más de 2.000 familias checas tuvieron que emigrar de la ciudad huyendo de la opresión religiosa. Durante la guerra de los Treinta Años, Praga fue invadida por los sajones (1631 a 1632) y por los suecos (1648). A lo largo del siglo XVIII la ciudad fue ocupada por tropas francesas y bávaras durante la guerra de Sucesión de Austria (1741) y por los prusianos en 1744 y 1757.

A comienzos del siglo XIX la enunciación de los principios del nacionalismo checo condujo a la sublevación de 1848, duramente reprimida por los austríacos. En 1918 la ciudad fue escenario de la proclamación de la independencia checa y se convirtió en la capital del nuevo Estado. Sometida a un régimen de terror durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), fue liberada por el ejército soviético. En agosto de 1968 la ciudad fue invadida por tropas del Pacto de Varsovia.

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